El camino hippie de Santiago
Cada uno en su materia, John Lennon y Salvador Dalí fueron referentes artísticos del siglo XX. Aunque pueda parecer curioso, lo cierto es que ambos se admiraban mutuamente y esa admiración acabó por unirles en un primer encuentro el 24 de marzo de 1969. Sólo cuatro días antes, Lennon había estado en Gibraltar para formalizar su unión matrimonial con Yoko Ono. Sin embargo, ese primer contacto se produjo en la ciudad de París.
Para John, muy implicado en aquel entonces en combatir la guerra de Vietnam, se hacía muy necesario recabar el apoyo de grandes personalidades para poder presionar al gobierno estadounidense y acabar con la injusta masacre bélica que sacudió el país asiático a finales de los años 60 y comienzos de la década siguiente.
Salvador Dalí tenía otros planes para el líder de unos recién finiquitados Beatles. Para ello y tras ese primer contacto, intercambiaron correos y se produjo una insólita propuesta.
Siendo como era un católico ferviente y muy "sui generis" en sus formas, Dalí escribió una carta a su amigo Lennon donde organizaba su plan evangelizador para los hippies del mundo.
Consideraba Dalí, que los hippies estaban equivocados en sus planteamientos y que la colaboración de Lennon en una marcha de hippies hacia Santiago de Compostela tendría la repercusión necesaria para encaminar los pasos de estos díscolos hijos de Dios.
Imagínense el cuadro: Dalí y John Lennon encabezando a cientos de hippies realizando el Camino de Santiago.
Dalí lo tenía todo bien estudiado y hasta se atrevió a proponer un itinerario que tendría su origen en el Museo del Prado de Madrid donde después de homenajear a Diego Velázquez, saldrían hacia la Gran Vía para hacer escala en el Museo de Arte Contemporáneo y ya desde alli, encaminar sus pasos hacia la carretera Nacional VI en dirección a La Coruña con escala final en la catedral de Santiago y su impresionante plaza del Obradoiro. Supuestamente, Luis Buñuel se encargaría de documentar visualmente el trayecto.
La carta,con sus propósitos y objetivos evangelizadores, nunca llegó a su destino. Un hippie conocido por Dalí fue el encargado de llevarla al buzón de correos pero no sabemos la razón pero esa carta jamás fue enviada.
Nos quedaremos siempre con las ganas de saber si Lennon hubiera aceptado el desafío, qué condiciones hubiera puesto para realizarlo y sobre todo, cómo hubiera sido una marcha de semanas con un contingente de hippies de los años 60 comandados por Lennon y Yoko Ono y secundados por Salvador Dalí. Muy posiblemente, visualizar una nube de humo verde hubiera sido el mejor modo de localizarlos.
Lo que hubiera resultado de esa quimera es digno de haber sido estudiado no sólo por los libros de historia sino también de la psicología más disparatada. Una verdadera lastima que aquello no sucediera y que aquel hippie no llevara a su destino aquella sorprendente misiva. También es cierto que Dalí y Lennon tenían teléfono en sus respectivos domicilios y se los habían intercambiado en aquel día de París. Salvador Dalí fue un genio imprevisible, incomprensible y contradictorio. Tanto como para ser capaz de escribir de su puño y letra una carta detallando sus objetivos religiosos y un itinerario y luego, no reparar en levantar el teléfono y simplemente contar al matrimonio Lennon-Ono sus planes. Cosas de genios. Nos quedamos con las ganas de ver el camino hippie de Santiago con el apostolado de Dalí y John Lennon.

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